He venido a hablar de tu vulva
ESte artículo forma parte de las colaboraciones en el apartado de feminismos de https://amanecemetropolis.net/he-venido-a-hablar-de-tu-vulva/
Cuando te miras la cara, te reconoces,
sabes cómo es tu cara y observas cambios. Identificas las rojeces, palideces,
brillos, granos, tonalidades, arrugas… Y sabes o intuyes a qué se debe, te
conoces.
Tu cuerpo te habla y entiendes (a
veces), lo qué te quiere decir.
Cuando te duele la garganta, abres
bien la boca frente a un espejo y a golpe de ahhhhh te miras la garganta, y
aunque no hayas estudiado medicina, reconoces y la identificas inflamada, roja
o con placas de pus, y actúas.
Cuando te miras la piel, dices “oh la tengo seca” o “mira qué ligera y tersa está”.
El pelo, te miras las puntas y es lo de "tengo que ir a la pelu a cortarme las puntas que las llevo abiertas y quemadas"
Cuando te miras la piel, dices “oh la tengo seca” o “mira qué ligera y tersa está”.
El pelo, te miras las puntas y es lo de "tengo que ir a la pelu a cortarme las puntas que las llevo abiertas y quemadas"
Los pechos si estás premenstrual, observas como han aumentado.
Tus pies, si necesitan más o menos
hidratación, cortar las uñas o limar las durezas.
Y así con otras muchas partes de nuestro querido cuerpo.
Y así con otras muchas partes de nuestro querido cuerpo.
Pero, qué ocurre con nuestra querida vulva, ¿conocemos sus texturas colores y rincones? A veces la miras desde arriba en plan “tengo que depilarme”, buscando el fallo. Y otras ni la miras, no sabes cómo es.
¿Serías capaz de dibujarme tu vulva?
Así de pronto, papel y lápiz y a dibujarla. ¿Sí? Venga!
¿Y cuántas veces la miras?
¿Serías capaz de reconocer tu vulva
entre varias?
La vulva es una parte más de nuestro cuerpo, si estamos dispuestas a escuchar, nos puede proporcionar mucha información sobre nuestra salud, tanto de forma externa como interna observando nuestro cuello del útero.
La vulva nos habla por fuera, con sus
colores, con sus momentos y distintos flujos del ciclo menstrual y sus estados
de excitación.
¿Alguna vez la has observado al estar excitada?
¿Alguna vez la has observado al estar excitada?

“El
origen del mundo”, realizada en
1866 por el pintor realista Gustave Courbet. Oculta
durante gran parte de su historia, la recibió el Estado francés en 1981 pero
continuó almacenada hasta 1995. Desde entonces se exhibe en el Museo de Orsay de
París.
Es curioso que sea la parte de nuestro cuerpo que más
nombres diferentes tiene para ser identificada, en cada casa, ciudad y cada comunidad
se la llama de una manera diferente, es muy significativo que eso pase sólo con
los genitales, tanto los femeninos, como también los masculinos.
De la vulva, nos encontramos acepciones del tipo:
chocho, chochi, chochete, chichi, chocha, chucho, chuchico, coño, coñete, vagina,
toto, totón, conejo, ratón, ratona, eso, seta, chumino, almeja, arpa, jazmín, pipitilla,
mondongo, pastelillo, pubis, breva, higo, papaya, melocotón, chirimoya, tesoro,
choto, raja, rajita, rajeta, hachazo, horcate, peseta, pistacho, brenca, habichuela, cueva, garaje,
amapola, pipa, pepa, pepita, papo, potorro, pandero, parrús, parrusa, bollo, pocha, pucha,
potito, chirri, mimi, monchito, flor, perla, lerele, milín, figa, florín,
mejillón, mejillote, felpudo, aleta, chirla, chiquitirri, rapín, moco pavo, lo
de ahí abajo, lo de entre las piernas, las partes bajas, el agujero, la cosa, el
cofre, la pandereta, el botón, la ventosa, el peluche, etc etc etc
Lo que no se nombra no existe.
Y es que a las mujeres, durante
muchos años se nos ha impedido disfrutar de forma saludable y natural de algo
tan básico como son nuestros genitales y del placer que ellos nos proporcionan.
Imagina si ha sido tabú, si ha estado
escondido, censurado, reprimido y camuflado, que hasta hace unos años, el hecho
de que una mujer dijera abiertamente que se masturbaba era algo excepcional y
raro. En los hombres no pasaba, se hablaba abiertamente.
Y lo más curioso de nuestra vivencia
sexual como personas con vulva, es el desconocimiento de nuestro querido
clítoris, hasta 1998, no se descubre su anatomía, tiene que ser la uróloga
australiana Helen O´connell la que
enseñe al mundo la anatomía completa del clítoris a través de imágenes por resonancia magnética.
El clítoris sólo tiene una única
función la de proporcionarnos placer. Es curioso entonces que con la represión,
el tabú y la censura vivida en nuestra propia sexualidad, no sea hasta hace
veinte años, digo ve- in- te años, los que han pasado desde su descubrimiento.
El desconocimiento y la
invisibilización de nuestros órganos sexuales formaba parte de la cotidianidad
heteropatriarcal, y esa cotidianidad nos alejaba de nuestro conocimiento y de
nuestro deseo y placer sexual.
Como sexóloga feminista te animo a
que te mires la vulva, a que la identifiques como otra parte del cuerpo más. A
aceptar tu vulva, igual que aceptas las manos o la nariz.
Aprender a no mirarla ni con asco, ni con disgusto,
vergüenza, ni con indiferencia.
A tenerla en cuenta.
Aprender a mirar, conocer, ver, oler,
tocar y explorar nuestros órganos sexuales.
Cuidarla como haces con otras partes de tu cuerpo.
A aceptar que hay tantas vulvas como
caras y manos diferentes, no hay una igual a otra, y va cambiando con el paso
del tiempo.
A disfrutarla y a disfrutarte.
A permitirte gozar.
Te animo a que tomes las riendas de
tu sexualidad, de tu placer.
A empoderarte de tu sexualidad. A
sentir sin miedos.
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